En el mundo swinger las mujeres decidimos con quién, cuándo y cómo compartir nuestra sexualidad y no nos limitamos a que sea únicamente con el marido. Por lo anterior, despectivamente en el mundo vainilla (no-swinger) las personas nos llaman putas.
Esa palabrita sin embargo no hace menos nuestra integridad, que sobra decir la tenemos bien cimentada. Y para muestra, una anécdota.
Los personajes de esta historia son: un extranjero guapo, rubio, alto y fornido que conocí en el gimnasio y yo misma. Él tiene 20 y yo 40. Me dice “flaquita preciosa” cada que me saluda y nuestras miradas sacan chispas cuando se cruzan y rebotan en los espejos del gym.
Después de varias semanas de saludos, coqueteos y enterarnos que cada quien tiene pareja, me decidí a hablarle claro… por Whatsapp. Debe ser la edad pero nunca tuvo la cortesía antigua de invitarme un café o un refresco, además parecía disfrutar mucho enviándome emoticons y fotos de sus músculos por la mencionada aplicación más que hablar en persona.
Como sea un día cualquiera esos mensajes inocuos y hasta chistosos de WhatsApp terminaron siendo sexting… Yo tenía curiosidad de cómo recibiría la noticia de que soy swinger y por supuesto quería saber su postura respecto a estar haciendo sexting conmigo y lo que pensaría su novia, a lo que él respondió: “ese tema no se toca”.
Efectivamente no volvimos a tocar “ese tema” pero yo le saqué el tema de mi marido y cómo nos prendería mucho a los dos si yo tuviera una aventura con un chico como él (bueno específicamente con él).
Para estas alturas mi esposo estaba enterado de todo, no sólo de la existencia de un amigo del gimnasio, sino que intercambiábamos mensajes coquetos por WhatsApp. Mi esposo mismo me animó a avanzar las cosas asegurándome que ningún chico en su sano juicio me diría que no… a nada.
Sin embargo el guapetón me dijo: “¿Cómo que se tiene que enterar tu esposo para que tú y yo podamos hacerlo? ¿en qué cabeza cabe?”
Lo que a mi no me cabe en la cabeza es no compartir una aventura como ésta con mi esposo, tampoco entiendo por qué sí podemos coger mientras ninguna de nuestras parejas se entere: ¿qué asco de persona sería yo si aceptara hacer eso?, mucho menos me hace sentido aceptar esas reglas de monogamia aparente que denigran a su chica y me denigran a mi.
Creo que renunciaré para siempre al helado sabor vainilla…
Artículo publicado en TheMexicanTimes.mx